Founder serial · Exit PE · Coach 1:1
Fundé, escalé y vendí la empresa más exitosa de factura electrónica de la región andina. En el proceso cometí casi todos los errores que se pueden cometer, aprendí a diferenciar lo que realmente funciona de lo que es solamente una moda pasajera.
Empecé mi carrera de constructor de empresas en el 2003. En el Ecuador de entonces, y que en muchos aspectos continúa siendo él de ahora, no era fácil emprender: crear una empresa tenía costos legales y administrativos imposibles de pagar, no existían fondos de capital de riesgo y el conocimiento de como vender software como servicio era inexistente. Pero las restricciones son siempre un regalo pues incentivan la creatividad. Aprendí a hacer más con menos y a crear empresas rentables desde el día uno.
A lo largo de veinte años fundé más diez empresas en distintas industrias. Lleve a la mayoría de ellas al break even y otras tuve que cerrar por diversas razones. Todas me ofrecieron un importante aprendizaje, pero la que más me enseño fue la compañía con la que la saqué del estadio.
Funde Stupendo en 2009 con una idea simple: permitir a las empresas enfocarse en lo que mejor saben hacer mientras yo me dedico a los aburridos procesos de facturación y cobranzas de una manera mucho más eficiente a la que podrían hacerlo ellas.
Doce años después, Stupendo atendía al 30% de las 1.000 empresas más grandes de Ecuador, procesaba más de 15 millones de facturas mensuales, y tenía una retención del 99% de sus clientes.
En 2016 nos expandimos a Colombia y Perú y llamamos la atención de un fondo de Private Equity estadounidense que en el 2020 nos compró.
La adrenalina y dopamina que produce construir un negocio que crece a toda velocidad muchas veces ocultan las malas decisiones. Pero llegado el momento toda deuda debe pagarse. La más difícil de ellas relacionada a mi. Me había dejado a un lado y termine perdiéndome dentro de mi propia creación. Tenía una compañía exitosa pero me sentía más infeliz que nunca. Sabía que quería salir del tunel en el que me encontraba pero no sabía como.
Tuve la suerte de encontrar mentores y coaches que ya habían vivido lo que yo estaba viviendo. Personas que me guiaban desde la sabiduría del dolor resuelto, no desde un manual gratis bajado de Internet.
Hoy soy ese alguien para mis clientes.
Cuando el alumno está listo, el maestro aparece.
Después de vender mi empresa pasé por un período de reflexión que me hizo notar que tenía un pendiente.
Cuando tenía nueve años mi padre sufrió una quiebra en su negocio que destruyo las finanzas de la familia y a él como emprendedor. Tapo su ruptura con la adicción a las pastillas para dormir y la bebida. Él pensaba que estaba solo, pero yo estaba ahí con él, pero a mi corta edad no tenía idea de como apoyarle. Mi deseo de ayudarle se expresa hoy en mi actividad de Coach con los founders que quieren lo mismo que quería él: contar con una empresa que sea el vehículo para cumplir con su propósito.
Algo que siempre me llama la atención es como las personas juzgamos las circunstancias que atravesamos desde instrucciones grabadas en nuestra memoria y no desde como nos hace sentir.
Toleramos malos empleados porque "los empresarios debemos que dar trabajo". Tenemos clientes que no nos pagan a tiempo porque "las ventas son lo más importante". O implementamos una nueva tecnología "porque no hay como quedarse atrás de la competencia".
Pero si observamos la situación y como nos hace sentir, notaremos rápidamente que relaciones nos conviene mantener y cuales es mejor terminar, que estrategias son adecuadas para la situación particular de nuestra compañía y cuales es mejor ignorar.
Está es la principal razón por la que es un requerimiento antes de poder iniciar el programa tener una llamada exploratoria conmigo.
Si lo que leíste te suena familiar, si reconoces la tensión entre lo que eres y lo que tu empresa necesita de ti, puedo ayudarte.